jueves 24 de diciembre de 2009

Sabina

Me encanta Sabina, lo idolatro. Tiene como un aura españolísima, de poeta trasnochado y de cantautor de bares que simplemente me gusta muchísimo.
Viene a Chile a finales de enero. Lo iré a ver, sin duda. Cómo perderme el ver un ciudadano del mundo, un hombre humano, un ateo devoto.
Su voz cuando joven tenía un sonido meloso realmente impresionante, de tono perfecto y armonías suaves. Hoy, su canto rasposo y su pinta desarreglada le dan un nuevo estilo que en lo personal me gusta mucho más. Como sea, será siempre el mismo Sabina, Joaquín, el cantante de Úbeda que de tanto en tanto, viene a esta mierda de país a cantarnos "y nos dieron las diez, y las once..."

Dejo dos poemas de Sabina:


1. Este adiós no maquilla un hasta luego,
este nunca no esconde un ojalá,
estas cenizas no juegan con fuego,
este ciego no mira para atrás.
Este notario firma lo que escribo,
esta letra no la protestaré.
Ahórrate el acuso de recibo,
estas vísperas son las de después.
A este ruido tan huérfano de padre,
no voy a permitirle que taladre,
un corazón podrido de latir.
Este pez, ya no muere por tu boca,
este loco se va con otra loca,
estos ojos no lloran más por ti.

2. Lo peor del amor, cuando termina
son las habitaciones ventiladas,
el puré de reproches con sardinas,
las golondrinas muertas en la almohada.
Lo malo de después son los despojos
que embalsaman el humo de los sueños,
¡el sístole!, los teléfonos que hablan con los ojos,
el sístole sin diástole ni dueño.
Lo más ingrato es encalar la casa,
remendar las virtudes veneales,
condenar a la hoguera los archivos.
Lo peor del amor es cuando pasa,
cuando al punto final de los finales
no le quedan dos puntos suspensivos.

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